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“He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo” (Salmo 39.5)

Sabemos que delante de la eternidad de Dios, los años de los seres humanos son como una gota de agua en medio del océano. Pero aún así, el hombre continúa orgulloso, prepotente y vanidoso, olvidándose de volverse para su Padre Celeste, Grandioso y Poderoso.

Ágatha Cristina
Colaboró: Ágatha Cristina

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