Cada uno tiene el Labán que necesita - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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Entendemos que Jacob fue uno de los personajes más importantes de la Biblia, pues, de él, Dios formó la nación de Israel, homónimo del nombre que le fue dado. Además, percibimos el valor de su historia para nosotros porque el Altísimo reservó, sólo en el libro de Génesis, 25 capítulos para registrar cada detalle de su saga.

Hablaré hoy del período en el que Jacob pasó junto a Labán en las tierras de Harán. Este tiempo funcionó para el patriarca como una escuela preparatoria para convertirse en el heredero de la Promesa Divina hecha a su padre y abuelo.

Jacob había engañado a Isaac, que era anciano y ciego, entonces el Todopoderoso permitió que su convivencia diaria fuese al lado de un esperanzado, bien hábil, experimentado en el arte de sacar ventajas y engañar a los demás. Además, a diferencia de Isaac, Labán tenía los ojos bien abiertos.

Vea cómo Dios actúa. El engañador necesitaba probar los dolores de ser engañado, o sea, experimentar de su propio veneno. Por eso, nada mejor que Labán, un engañador-mor siendo usado como método de disciplina del Alto. Allí, Jacob fue duramente explotado para poder casarse con Raquel, pues la propuesta de su padre era de siete años de servidumbre para pagar el dote que el pretendiente no tenía.

Pero Jacob la amaba tanto que no vio aquel tiempo como exagerado.

Sin embargo, para su sorpresa, la noche de bodas tan soñada fue vivida con la mujer que él nunca había deseado. Ustedes ya conocen la historia, jeje. Entonces, allí se van otros siete años de labor para quitar el dote de Raquel.

Creo que Jacob, en la fatiga, podría incluso sosegar su corazón un poquito al pensar que la riqueza que él estaba contribuyendo a que Labán tuviera, por medio de su trabajo, volvería para él. Lo digo porque, según la costumbre de la época, parte del dote pagado por el novio debería volver a la hija, para que ella tuviera una seguridad en caso de una emergencia. Pero ni eso, lo hizo Labán. Él retuvo egoístamente todo para él (Gn 31.14-15).

En ese período, incluso siervo de Labán, Jacob trabajaba para sí y prosperaba a causa de la bendición de Dios. Pero el suegro, al ver aquello, actuaba de forma engañosa y cambiaba todos los contratos (verbales) que había hecho con su yerno. Jacob llegó a decir que por diez veces su salario fue cambiado. Según los estudiosos, la palabra “diez” aquí, no significa exactamente diez veces, sino una infinidad de veces. El vocablo en este Texto expresa que el patriarca hasta perdió la cuenta de la cantidad de veces que fue defraudado por Labán.

Todos los días, Jacob debe haber recordado  la manera equivocada en la que actuó con su padre y su hermano. Él, que en un día sembró el engaño en Berseba, lo cosecharía en el lejano Padán Harán durante veinte años. En la vida es así, el pecado tiene el poder de perseguir a aquel que se dejó enredar por él.

En esta historia, también podemos ver que Labán erraba, y mucho, pero Jacob fallaba más. El suegro no tuvo la creación del yerno y las oportunidades de tener un padre fiel y temeroso de Dios para educarlo en los principios de la fe. Mientras que Jacob fue rodeado de cariño y buen testimonio. Por esa razón, su reprensión debería ser a la altura.

Vea que esta es también la razón de muchos de los dolores que pasamos. No siempre nos fijamos en las malas semillas que plantamos y que inevitablemente tendremos que cosechar. Y, aun siendo reprendidos por Dios, no siempre nos quebrantamos para Él, como deberíamos.

Tal vez hoy, al leer este texto, usted esté matriculado en la “Escuela de Harán” y tenga un profesor tan malo como Labán, pero hay un propósito en ello. Usted necesita conocer el carácter recto del Altísimo y verse como persona. Este momento es para que usted vea sus errores y se arrepienta de ellos.

Y tenga paciencia, porque si usted entregó su vida al Señor Jesús, el cielo lo controla todo. Aprenda las lecciones necesarias y usted no quedará ni un día más con Labán.

El propio Dios se encargó de decir a Jacob para partir de Harán, y también impidió que Labán hiciera mal a él.

Le espero para que sigamos meditando juntos sobre Jacob.

Colaboró: Agatha Cristina

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