Mi personalidad - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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En el post anterior, abordamos el asunto sobre nuestra personalidad; que varía mucho dependiendo de las circunstancias. Es evidente que cada una de nosotras tiene un rasgo más definido y hoy voy a hablar de mi…
Yo soy un poco dramática. No sé si usted ya se dio cuenta en mis orientaciones o en los pequeños trechos que posteo de ellas en mis redes sociales, pero llega a ser gracioso. Gesticulo mucho con las manos, los brazos, la cabeza y la expresión de mi rostro -todo porque quiero enfatizar un problema. Las personas como yo tienden a dramatizar todo y, cuando cuentan una experiencia, usan detalles un poco innecesarios; pero que hacen toda la diferencia cuando alguien quiere mostrar en la piel, lo que sintió. Bueno, esa soy yo. A veces, ese rasgo provoca las carcajadas de mi marido, de mi familia y de mis amigas; pero a veces, complica.
Complica porque, a veces, la dramatización hace mal; pues mientras hago drama dejo de mirar para lo que interesa perdiendo el tiempo con lo que no hace la diferencia. Otro mal es que, en el fondo, eso es una forma de llamar la atención, como si usted tuviese que ser siempre el centro de atención, y cuando pienso en eso, odio ese rasgo -ahí hay algo que no hace a mi estilo. Me gusta quedar en el fondo, en los bastidores, escribiendo en mi escritorio, leyendo en mi hamaca.
Es decir, aquella personalidad que la hace conocida delante de tus amigos no siempre es la personalidad que le hace bien. Eso no quiere decir que tenemos que dejar de ser quiénes somos, sino entender que ni siempre debemos dejar de ser quiénes siempre fuimos.
Nunca me olvido cuando subí al monte más alto del Reino Unido juntamente con un grupo de la iglesia. Comenzamos la subida a las ocho de la mañana y solo llegamos allá arriba a las tres de la tarde. Fue solamente orar algunos segundos y descender nuevamente porque el sol se iba a poner y no queríamos descender en la oscuridad. Las veces que me caí en la nieve, mi voluntad era de quedarme ahí arriba de tan cansada que yo estaba; pero siempre venía alguien para animarse y ayudarme a levantar. Después de descender durante varias horas, no sintiendo muy bien mi pierna, y el sol casi fuera de mi vista, miré hacia abajo y vi las casas muy pequeñas, dando a entender que todavía estábamos muy lejos de llegar al pie del monte. Caí en desesperación y comencé a llorar. Me da mucha vergüenza recordar ese episodio, pues, además de haber sido un papelón delante de Renato y otros amigos que estaban a nuestro alrededor, reveló algo en mi que nunca había visto antes. ¿De qué sirvió subir el monte más alto del Reino Unido, si al descender, yo bajaba llorando?
Hoy, diez años después de lo ocurrido, veo cuánto preciso cambiar esa manera de ser que, hasta hace un poco tiempo atrás, creía que hacía parte de mi. El drama solo fortalece lo que es ruin y debilita lo que es bueno. Fortaleció mi miedo y debilitó mi coraje.
Cuando miro hacia atrás, veo el mismo patrón a cada nuevo desafío que aparece…Cuando comenzamos el curso Matrimonio Blindado en Texas, la Escuela del Amor en vivo cuando llegamos a Brasil, que después tuvo continuidad en la Récord los sábados en vivo también, las conferencias en vivo, etc. Lo que para mucha gente parecía ser un paseo en el parque, para mi en realidad, era dramatizado anteriormente y posteriormente también; al punto de cansar la mente de tal manera que no daba para usarla para nada más después de cada uno de esos eventos. Y miren, costó para que yo me acostumbrase con esos desafíos. En Récord, yo me equivocaba tanto, pero tanto, que un día oí de mi marido: “¿Hasta cuándo tú vas a tratar este programa como un peso?”
La reina del drama hace eso. Todo se vuelve un peso. Y ahí viene la pregunta, ¿qué tipo de ofrenda estaré siendo para Dios de esta forma?
 
“Esfuérzate y sé valiente” (Josué 1:6)
No es casualidad que Dios le dijo a Josué sé valiente, eso porque es posible que tengamos un mal ánimo; lo que para mi significa, el drama.Basta de drama. Todo los desafíos son para ser difíciles y, por lo tanto, una conquista.
Y usted, ¿ya consiguió cambiar el lado malo de aquella personalidad tan conocida en usted?
En la fe.
Colaboró: Agatha Cristina

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