Espíritu Santo, el sello de la Universal - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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El logotipo de una institución busca abarcar en sus formas y colores la firma de los conceptos y objetivos de su existencia.

Comprendiendo eso, la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) tiene como su símbolo un corazón que significa su amor por los afligidos; y una paloma en el centro representando el Espíritu Santo. El propósito divino en este mundo es, justamente, llevar al ser humano a recibir la promesa superior del Altísimo: Su propio Espíritu. Por lo tanto, no es un simple objeto gráfico sino un un símbolo que carga en sí un compromiso de sus obispos, pastores, obreros y demás voluntarios de tornar al Espíritu de Dios en el centro de la existencia humana.

Para nosotros, es urgente la misión de dirigir a las personas al verdadero encuentro con Dios, pues así recibirán de Él un nuevo corazón listo para abrigar ese Tesoro de valor incalculable.

El trabajo de evangelización es hecho con ahínco volcado no solamente para que las personas entren por las puertas de un templo y encuentren la solución de sus problemas, sino que obtengan por medio de la predicación de las Sagradas Escrituras la regeneración de su vieja naturaleza.

Aquellos que atienden a las enseñanzas del Evangelio muestran con sus vidas que el Pentecostés no quedó restringido a los días de los apóstoles y a la Iglesia Primitiva (Hechos 2:16), sino que es la promesa más sublime del Todopoderoso para nuestros días también.

Es comprobado, en la historia bíblica, que tanto el hombre como la iglesia cuando transbordan del Espíritu Santo no se intimidan delante de las afrentas, no retroceden delante de las injusticias y no abandonan las batallas trabadas contra el mal.

El discernimiento espiritual y la visión de la grandeza de Dios Eterno hacen con que la IURD no se alegre con lo que fue hecho hasta este momento porque sabemos que Él puede y quiere hacer infinitamente más por medio de Sus hijos, conforme dice el Texto Sagrado (Efesios 3:20).

Celebramos, entonces, los 40 años con la firme convicción de que todas las victorias que tuvimos vinieron de la acción del Espíritu Santo. Y, por medio de Su infinito poder, la Iglesia Universal mantendrá su pasión por los perdidos y su visión misionera desarrollada para predicar las Buenas Nuevas de la Salvación.

Si usted oye íntimamente el llamado Divino de “ir y predicar”, no dude en atenderlo.

¡Hasta la próxima semana!

Colaboró: Agatha Cristina

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