Autoconocimiento VIII: Aceptando el pasado - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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Si has practicado todo el contenido del curso hasta aquí, entonces ya has corregido tus referencias de mujer y de la vida según la referencia de Dios y a te has limpiado de tu suciedad interior que te hacían errar; es decir, ya estás lista para crear una nueva identidad, aquella que Dios tiene para ti. Por lo tanto es hora de aceptar lo que pasó.

Es muy común, que después de conocer la verdad nos culpemos por no habernos conocido antes, lo que no es práctico. ¿De qué sirve gastar tiempo con aquello que ya no podemos cambiar? ¿de qué sirve sentir cualquier cosa por aquello que ya pasó? Es así que muchas personas dejan de mirar hacia delante y viven del pasado, como si de alguna forma pudiesen cambiarlo – ¡pero no!

El pasado sólo sirve para una cosa: aprendiendo. Esto significa que cuando miramos al pasado no debemos querer sentir, sino aprender. Fue a través del pasado que tuvimos que llegamos hasta hoy, ya que hoy estás teniendo acceso a la Verdad, tu pasado fue de cierta forma útil para ti.

Personas que viven del pasado no viven el presente, ni pueden tener un futuro diferente. De cierta forma, son rehenes, porque aún sufren con aquello que ya no sucede más. Si quieres conocerte observa si aún estás viviendo de tu pasado a través de tus emociones autodestructivas, tales como: miedo, resentimientos, dudas, traumas y complejos.

Observemos lo que cada una trae consigo:

  • El miedo no permite que hagas algo nuevo. Él te aprisiona y acabas perdiendo todo tipo de oportunidad de volverte una persona más feliz. Lo contrario de lo que muchas personas piensan, ¡él no te protege!
  • El rencor es otra forma de aprisionarte, pero es a través de algo más doloroso, algo que te hizo daño. Él te hace sentir todo lo que sentiste cuando pasaste por ese dolor y no te permite curarte, por lo contrario. Es como si cada vez que aquella herida estuviese creando una costra, tu la arrancases dejando así aquel corte siempre abierto y con pus. El rencor no te va a proteger de la persona que te ofendió, al contrario: va a mantener a aquella persona ofendiéndote diariamente, pero de una forma mucho más personal – ¡dentro de ti!
  • Las dudas si vas a conseguir ser feliz nuevamente sólo sirven para dejarte parada en el tiempo, estancada, sin ninguna mejoría. Ellas te debilitan, no te dejan innovar, osar, y mucho menos usar la fe. Quien vive en la duda, vive en la dependencia de los demás – no está seguro, necesita de los demás para tomar cualquier decisión en la vida
  • Los traumas son heridas que no se curaron. Por eso dejas de hacer ciertas cosas y ser quien tú eres porque no quieres que el trauma del pasado acontezca de nuevo. ¡Pero quien deja de ser y hacer lo que te gustaría eres tú! El trauma de ser malinterpretado no te permite poner límites en las relaciones, y acabas aceptando todo, ¡incluso el abuso! El trauma de la soledad te lleva a estar con cualquiera por una migaja de atención.
  • Y los complejos son generados no sólo por acontecimientos del pasado, sino también por comentarios, muchas veces sin ninguna maldad. Una madre puede hablar que le da pena su hija por no haber conocido al padre, y su hija haber crecido con el complejo de víctima. Los complejos hacen mal a las relaciones no sólo porque son formas de inferiorizar, sino porque también tocan en tu perspectiva sobre ti misma. Ahí viene la baja autoestima, las comparaciones y la carencia. Todos los complejos de inferioridad; o que aparentemente hacen bien al profesionalismo como el complejo de perfección, superioridad o de líder – , porque todos son formas de esclavizarte de la opinión ajena.

Es esto lo que el pasado hace con las personas que viven de él. ¡Pero el pasado no necesita continuar haciéndote mal! ¡Basta con que saques el aprendizaje y mires hacia delante!

Mirar hacia delante es lo contrario de todo lo que es vivir en el pasado:

  • En lugar de miedo – ¡osadía! Haz aquello que tienes miedo de hacer, se la persona que has tenido miedo de ser.
  • En lugar de rencor – ¡perdón! Perdonar no es un sentimiento sino una decisión. Decide no ser más rehén de la persona que te hizo daño, perdónala y empieza orando por ella.
  • En lugar de dudas – ¡fe! Ten fe de que Dios te va a proporcionar aquello que nunca tuviste: una familia feliz, un matrimonio exitoso, una vida saludable, un futuro prometedor.
  • En lugar de traumas – ¡coraje! Enfrenta lo que siempre evitaste!
  • En lugar de complejos – ¡acéptate! No necesitas la aprobación de nadie, sólo de Dios. Y Él ya dijo:

 

Porque así dice el SEÑOR de los ejércitos, cuya gloria me ha enviado contra las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca la niña de su ojo:…”  (Zacarías 2:8)

Colaboró: Agatha Cristina

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