No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Justicia por la fe, y no por pena

Muchas personas piensan y dicen: “Si Dios es justo, ¿por qué no me ayuda?¿Él no ve por lo que estoy pasando?”

La respuesta es esta: claro que Dios sabe, ve y oye todo lo que usted ha pasado, pero Él no hace justicia por pena ni por ningún otro sentimiento, ¡Él solo hace justicia cuando hay una manifestación de fe en Él y en Su Palabra!

Si Dios hiciera justicia por pena, por sentimiento, el mundo no estaría como está, ¡no habría tanto sufrimiento!

Tenemos en la Biblia la historia de Ana, lea el texto:

Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios al Señor de los Ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes del Señor. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque el Señor no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque el Señor no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa del Señor, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
1 Samuel 1:1-8

Dios sabía todo lo que Ana pasaba, la injusticia que sufría, pero ¿por qué no actuaba? ¿Por qué no hacía justicia curando a Ana? Simplemente porque ella actuaba con sentimiento de pena, no comía, lloraba, se lamentaba, se hacía la víctima y dependía de la fe del marido. Pero ¿qué recibía? Solo la caricia y el sentimiento de pena del marido.

¡Hasta que un día la situación de Ana cambió y Dios hizo justicia en su vida!

Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo del Señor, ella con amargura de alma oró al Señor, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Señor de los Ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de Tu sierva, y Te acordares de mí, y no Te olvidares de Tu sierva, sino que dieres a Tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré al Señor todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 1 Samuel 1:9-11

Vea el resultado de la Fe que ella manifestó:

Y levantándose de mañana, adoraron delante del Señor, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y el Señor se acordó de ella. Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí al Señor.
1 Samuel 1:19-20

Ella hizo lo que Dios esperaba, y aún espera, para poner fin a la injusticia: ¡usó la Fe!

Y entonces se cumple lo que está escrito en Salmos:

Ofreced sacrificios de justicia y confiad en el Señor. Salmos 4:5

¡No intente sensibilizar a las personas y, mucho menos, a Dios con su situación de injusticia, use su Fe, ¡¡¡y Dios le hará justicia!!!

Colaboró: Obispo Henrique Costa

Obispo Macedo
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