No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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A los que Me honran…

Ser escogido de Dios es un privilegio, pero muchos Lo desprecian, como fue el caso de Elí, el sacerdote. Él y su casa habían sido escogidos para servir al Señor, sin embargo, el sacerdote permitió que sus hijos abusaran de la autoridad y corrompieran al pueblo de Israel. Entonces, Dios se enojó y dijo:

Y Yo le escogí por Mi sacerdote entre todas las tribus de Israel (…) ¿Por qué has hollado Mis sacrificios y Mis ofrendas que Yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a Mí (…)? Por tanto, el SEÑOR Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de Mí perpetuamente; mas ahora ha dicho el SEÑOR: Nunca Yo tal haga …
1 Samuel 2:28-30

Así como Dios le preguntó a Elí, hoy Él también le pregunta: “¿Por qué estás honrando a tus hijos, a tu familia, a tu profesión, a tu reputación y a tantas otras cosas más que a Mí?”

El sacerdote, a pesar de no estar haciendo el mal, permitió que sus hijos lo hicieran, él lo veía y no tomaba ninguna medida, entonces Dios Se sintió insultado por esa actitud y dijo:

…porque Yo honraré a los que Me honran, y los que Me desprecian serán tenidos en poco. 1 Samuel 2:30

Esa palabra rompe con la idea de “una vez salvo, salvo para siempre”, o “la Gracia de Dios me basta”, ¡como si la Gracia fuera gratuita! Como si la persona pudiese servir a Dios y, al mismo tiempo, vivir en el pecado, en la mentira, en el engaño.

Dios quiere ver una fe auténtica, pura. La persona puede incluso ser la peor de las pecadoras, pero cuando manifiesta la fe sincera, honra a Dios. Así, de la misma manera, Dios la honra con el perdón y con las bendiciones que ella necesita.

Esa es la explicación de por qué “¡sin fe es imposible agradar a Dios!” (Hebreos 11:6)
¿Qué tipo de fe? ¿Religiosa? ¿Ignorante? ¿Emotiva? ¿Falsa? ¡No!
Una fe sincera, verdadera, inteligente.

Ahora, en mi inteligencia, sé que Dios sabe todo lo que está sucediendo dentro de mí. Antes de que yo hable, Él ya lo sabe. No existe nada en mí que Él no sepa. Entonces, si trato de fingir una fe, ¿piensa usted que estoy honrando a Dios? ¡No!

Evalúe su vida, ¡porque esta es una alerta para despertar su fe! Pues, una cosa es cierta, cuando presentamos una fe sincera, desnuda y cruda, nosotros honramos a Dios. Y si nosotros honramos a Dios, ¡Él nos honrará! Pero si no Lo honramos, Él nos despreciará.

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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