No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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No quiero tener voz

Doña Cristiane, ¡buenos días!

Participé en la Reunión del Godllywood Autoayuda el sábado pasado, y me gustaría contarle sobre una experiencia que tuve, pues contarla ya refleja el cambio que Dios ha hecho en mi interior.

Siendo sincera, no sé por dónde empezar, pero algo llamó mi atención de manera diferente en esta reunión. Usted dijo que el diablo ha invertido mucho en las mujeres, para llevarlas a la soledad, en esta era de “empoderamiento”, porque el diablo conoce nuestra fuerza, sabe que tenemos autoridad dada por Dios para edificar nuestra casa.

Pues bien, tengo 25 años, estoy desde hace 6 años en la Universal y estoy politizada. Me gusta la política, me gusta estar insertada en ella, debatir, me gustan los proyectos sociales y todo lo que involucra eso. No sé cuándo comenzó, pero, por tener mucha información y estudios al respecto, me convertí en feminista.

Tengo el Espíritu Santo, responsabilidad en la Iglesia, y hago todo con amor. Siempre que puedo ayudar, estoy dispuesta. Pero, sin darme cuenta, me volví autosuficiente. Independiente. Depender de alguien, especialmente de los hombres, hería mi ego.

Pensaba que no debía tener, de ninguna manera, una forma “frágil”, y estaba totalmente en desacuerdo con el Godllywood. Y oraba a Dios: “Caramba, Señor, este proyecto es Tuyo. Fuiste Tú quien lo creó. Ayuda a otras mujeres, y no puedo estar en desacuerdo con algo que viene de Ti”. Mi corazón siempre fue muy sensible a la Voz de Dios, siempre tuve temor y fui sincera en mis oraciones sobre mis desacuerdos.

Comencé a hacer los desafíos Godllywood y a orar pidiéndole a Dios que me cambiara. Hasta que fui a la reunión del sábado pasado, y cuando usted contó acerca de la gran trampa del diablo para nosotras las mujeres, fue como quitarme una venda de los ojos.

Yo era feminista, no de aquellas que piensan que los hombres son inferiores, o que salen mostrando sus pechos en la calle, sino del tipo que luchaba por mis derechos de igualdad, para tener el mismo salario y derecho a hablar, sin embargo, luchando de manera incorrecta y del lado incorrecto. Precisamente por no tener esa discreción, estaba siendo interpretada muchas veces como una rebelde, algo que nunca fui en mi interior. Pero no había nadie que me convenciese de que eso estaba mal, de que no debía luchar así … Y a quien lo intentara, lo pateaba, diciendo que quería disminuirme.

No la soportaba a usted, porque pensaba que quería hacer un “club de mujeres”, donde eran todas iguales a usted: de voz dulce, suave y de aspecto frágil. Nunca me había visto de esa forma. Yo era “intrépida”, quería voz. Quería ser alguien, quería mis derechos y, hoy, le pido perdón por no haber entendido lo que el Espíritu Santo hace a través de usted.

Hace unos minutos, estaba orando para que el Señor me cambiara y me diera esas características, ser más mansa, más dulce e incluso más frágil para ser cuidada.

Nunca más quiero perderme una reunión del Godllywood Autoayuda. Quiero hacer todas las tareas y quiero que la gente reconozca que soy, sí, una persona mejor, pero antes de todo eso, quiero crecer como aquel árbol, en la discreción. Ya no quiero tener voz. Quiero tener los frutos aún más del Espíritu Santo. Quiero dejar de lado mis ideologías, mi independencia, mi autosuficiencia. El empoderamiento, todo, todo.

Quiero ser diferente. Pues aprendí que para ser fuerte, no necesito militar y hacer que la gente entienda nuestra fuerza. La fuerza necesita estar siempre en mi interior.

Gracias señora Cristiane, muchas gracias.

JH

Cristiane Cardoso
Colaboró: Cristiane Cardoso

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