No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Parecía imposible cambiar…

Mi nombre es Maristela, tengo 23 años, y antes de conocer al Señor Jesús, era una adolescente muy vacía, me sentía sola aun acompañada por muchos “amigos”.

A los 13 años, empecé a presentar síntomas de depresión. Lloraba mucho, no comía, no quería salir de casa, me veía en el fondo del pozo. Fue entonces cuando conocí la bebida y las drogas, consumí marihuana y cocaína durante casi 3 años, con la esperanza de llenar todo aquel vacío que sentía.

Llegué al punto de sufrir un coma alcohólico. En aquel momento ya no veía sentido en nada más, parecía que estaba solo vagando. Ya no estaba viviendo, ¡solo sobreviviendo!

Fue entonces cuando conocí la automutilación. Comencé con unos cortes aquí, otros allá, y cuando me di cuenta ya estaba casi sin tendones, era horrible, ¡pero eso para mí era lo máximo! Vivía en éxtasis por algunos minutos, y después venía el sentimiento de culpa, de incapacidad, de debilidad. Intenté suicidarme varias veces, me corté las venas, tomé veneno, etc.

Entonces, en 2014, conocí a la Fuerza Joven Universal – FJU. A diferencia de las otras personas, ellos no me juzgaron, no tuvieron miedo de lo que era, sino que me aceptaron.

Fue en la FJU donde conocí al Señor Jesús, ¡tuve un encuentro con Dios y la mayor y mejor experiencia del mundo! Hoy soy otra persona, ya no dependo de bebidas, de drogas. Ya no necesito lastimarme. Hoy soy completamente feliz y estoy llena de un amor que solo encontré en el Señor Jesús. Soy obrera, coordinadora de la FJU de mi ciudad, y ayudo a otros jóvenes a vencer sus vicios y complejos, entregándole la vida a Jesús.

Obispo Marcello Brayner
Colaboró: Obispo Marcello Brayner

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