No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Quién diera…

Quien diera que las personas tuviesen para con el Espíritu Santo la misma fuerza, disposición, capacidad de superación y ánimo que manifiestan para alcanzar las cosas de aquí abajo, tales como: prosperidad económica, familia unida, vida amorosa realizada, salud perfecta, etc.

¿Se acuerda de Pedro? El Señor Jesús lo encontró desanimado y disgustado a causa de su trabajo fracasado, lavando sus redes y desistiendo de luchar aquel día.

Sin embargo, cuando Jesús acabó de predicar de su barco, lo mandó a que lanzara las redes para pescar, y Pedro, de pronto, sacó fuerzas de debilidad, superó el desánimo y fue a la lucha, pescando abundantemente y venciendo en aquel momento.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, Le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en Tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Lucas 5:4-6

No obstante, tres años y medio después de esta experiencia y de otras tantas, el Señor Jesús tuvo que advertir a Pedro y a otros dos apóstoles, pues, para la oración que produce comunión con Dios, que hace crecer en intimidad con Él, que establece una fe sólida, que nos torna reconocidos como hijos de Dios, que determina la posesión del Espíritu Santo, no mostraron las mismas ganas que habían tenido antes para resolver sus problemas económicos.

¡Eso nos hace entender la facilidad con la que Pedro negó al Señor Jesús, y con la que muchas personas lo han hecho en los días de hoy!

¡Quién diera que él hubiese tenido por el Espíritu Santo el mismo apetito que otrora había manifestado por la prosperidad!

Vino luego a Sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar Conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre Mío, si no puede pasar de Mí esta copa sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, Se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Mateo 26:40-44

¡Dios los bendiga sobremanera!

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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