No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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El conflicto entre la razón y los sentimientos

Si no hay conflicto, ¡no hay sacrificio!

El conflicto es lo que revela el sacrificio que Dios está pidiéndonos que coloquemos en el Altar. El diablo se desespera, pues sabe lo que el Espíritu Santo realizará en la vida de una persona obediente que sacrifica. Por lo tanto, hace de todo para impedir que sacrifiquemos.

Imagínese lo que debe haber pasado por el corazón de Abraham, durante los tres días de caminata en el desierto, oyendo la voz de su inocente hijo, preguntando:

…Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Génesis 22:7

Creo que Satanás usó ese momento para hablarle fuerte al corazón de Abraham, diciéndole que lo que Dios quería que hiciese era “locura” y que su “pérdida” sería irreparable, además de eso, Abraham no tenía referencia (ejemplo) de alguien que hubiese hecho el mismo tipo de sacrificio. ¡Él iba a ser el primero en sacrificar de esa manera!

Como padre, sus sentidos le decían que no sacrificara lo que había pasado la vida entera esperando, y que era la única garantía de que él tuviera descendencia.

Su conflicto fue grande, pero Abraham no escucho a la voz del sentimiento. Él respondió, con la frialdad de un siervo obediente, sin quejarse o cuestionar a su Señor:

Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío.

Génesis 22:8

Y entonces, ¡¡¡obedeció!!!

Eso me recuerda al Señor Jesús, cuando Su conflicto interior fue tan grande que Su sudor se tornó como gotas de sangre, a medida que se acercaba el momento del más grande y doloroso de todos los sacrificios de la historia humana. Su lado humano (débil) apeló a Dios, a fin de ser “dispensado” del sacrificio. Pero, Su lado de la fe Lo hizo terminar aquella oración de la forma más perfecta posible:

Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; PERO NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA. Lucas 22:42

Jesús reaccionó concentrándose en la voluntad de Su Padre y no en la de Él.

La cuestión es:
¿Su sacrificio ha generado conflictos dentro de usted? Cuando usted ve lo que Dios le pidió, ¿siente el dolor de la pérdida, o está yendo al Altar como si estuviera subiendo a un escenario? Si así fuera, no sacrifique.

Obispo Randal Brito
Colaboró: Obispo Randal Brito

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