No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Ofrendas inmundas

“¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?” Mateo 23:19

No es muy difícil para una persona religiosa definir la palabra ofrenda. Cuando se oye, enseguida se piensa en un valor monetario depositado en la bolsa de ofrendas en alguna iglesia. ¡Sutil engaño!

¡No somos solo ofrendantes! ¡Las ofrendas también son ofrecidas en el Altar de su y de mi vida!

Veamos la definición de la palabra ofrenda:
Sustantivo femenino. Denominación de todo aquello que es ofrecido: ofrenda de empleo, de servicios, de productos, de favores, etc.

La ofrenda no siempre parte de usted o de mí, en muchas situaciones, viene de un ofrendante invisible, y ese ofrendante se llama Satanás. Él es un verdadero especialista en el arte de ofrendar. Él sabe bien el valor y la eficiencia de una ofrenda, o sea, Satanás también hace uso de la ofrenda para lograr beneficios por medio de ella. Él siembra hoy, convencido de que cosechará mañana, y esa siembra es hecha en lo más íntimo de nuestro ser, en forma de algo que él nos ofreció (ofrendó).

¿Cuántas veces la ofrenda maligna llena nuestros ojos? Una vanidad; un orgullo por creerse “el que es alguien, el insustituible”; un sueño que aún no fue realizado; una necesidad a ser suplida; su cuerpo gritando por un deseo; su corazón infectado por el virus de la malicia o por la decepción, el dolor de la injusticia que lo lleva a justificar las decisiones que tomó; aquella jovencita coqueteando con usted, incluso ya teniendo usted una cierta edad; el bello muchacho intentando seducirla, aun no estando usted dotada de mucha belleza; entre tantas otras cosas… ¡La lista de ofrendas es interminable!

Y sí, todas esas ofrendas parten del diablo para usted y para mí. Él es un ofrendante incansable, está siempre listo y dispuesto a ofrecernos algo. No reclama, y nunca, nunca duda de que valdrá la pena.

Ahora piense: ¿Usted no le ha dado más valor a alguna ofrenda del diablo en su vida que al Altar? ¿Acaso no está siendo ese necio que valora más a las ofrendas que al Altar?

Usted sabe que necesita recibir el bautismo con el Espíritu Santo, el diablo está ofrendándole un engaño, una emoción y usted enseguida acepta sin titubear. ¡Necio y ciego!

Usted llena sus ojos con la imagen de un cuerpo deslumbrante a través de la pantalla de una computadora, o en vivo, y Satanás le ofrenda tal placer sin que nadie lo vea o lo sepa, y usted se deja enredar. ¡Necio y ciego!

Usted sueña con casarse, quizás el diablo esté ofrendándole a alguien, y usted da mil excusas para permitirse aceptar tal ofrenda. ¡Necio y ciego!

Usted necesita un empleo, y el diablo está ofrendándole uno que le impedirá ir a la iglesia. ¡Necio y ciego!

Recuerde, cada vez que usted y yo aceptamos una ofrenda de Satanás, significa que fue levantado un Altar para él dentro de nosotros. Tenga mucho cuidado con el valor y la atención que les ha dado a tales ofrendas.

El Altar construido en nuestras vidas para el Altísimo debe ser siempre preservado y valorado, y es de allí que usted y yo debemos esperar nuestro sustento, y ciertamente vendrá. Fue exactamente eso lo que sucedió con el Señor Jesús, después de haber rechazado todas las ofrendas de Satanás:

El diablo entonces Le dejó; y he aquí vinieron ángeles y Le servían. Mateo 4:11

¡No permita que el diablo derrame sus ofrendas inmundas en el Altar de su vida! ¡No se torne necio y ciego!

Bianca Carturani
Colaboró: Bianca Carturani

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