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No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Jacob fue ungido primogénito de su padre Isaac;
Jacob tuvo la visión de la escalera cuyo extremo tocaba el Cielo;
En esa visión, él vio a ángeles subiendo y descendiendo de la escalera;
Jacob oyó la Voz del Señor que estaba en lo alto de la escalera;
Jacob prosperó y quedó más rico que su patrón, Laban;
Jacob, hasta aquel momento, había tenido 11 hijos hombres;
Jacob vio nuevamente a un ejército de ángeles que Dios había enviado para asegurarle protección continua.

¿Qué motivo tendría Jacob para temerle a su hermano?
El miedo es señal de culpa. A fin de cuentas, quien no debe no teme.

Cuando el supuesto sellado con el Espíritu Santo carga el mismo espíritu del miedo y de la angustia de Jacob, mínimamente, está poseído por el espíritu engañador.

Puede incluso tener algún éxito como los de Jacob, sin embargo, el espíritu del miedo no lo deja en paz, mientras no elimine su mala conciencia delante de Dios.

¿Cómo tener el Espíritu de Dios y el espíritu del miedo? ¿Es posible que el Espíritu Santo conviva con el espíritu del miedo en el mismo cuerpo?

A pesar de que Jacob haya tenido visiones Divinas de aparente éxito, aun así, su alma no tenía sosiego. Lamentablemente, esa es la condición de la mayoría de los “bautizados” con el Espíritu Santo. Han cargado el espíritu del miedo porque han cargado el mismo pecado de Jacob: mal comportamiento.

Al saber que Esaú venía a su encuentro con 400 hombres, “Jacob tuvo gran temor, y se angustió…” Génesis 32:7

Entonces, acudió a Dios diciendo:

Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, SEÑOR, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y Yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud. Génesis 32:9-12

El Clamor

La desesperación de Jacob lo llevó a clamar al Dios de sus padres, Abraham e Isaac. Ese clamor desesperado no involucró sentimiento vacío, al contrario, mostró indignación con fundamento, pues dijo: Fuiste Tú Quien me dijo que retornara a mi tierra, y a mi parentela, y Yo te haré bien… O sea, la razón de mi tormento es porque estoy obedeciendo a Tu Palabra. Estoy yendo al encuentro de quien desea matarme y no tengo ninguna condición para enfrentarlo. ¡Mira mi situación! Mi hermano viene contra mí con 400 hombres. ¿Qué hago?….

Aun así el miedo no lo dejó. Pero Dios le dio una dirección: ¿de qué sirven familia, riquezas, promesas de Dios y el derecho de la primogenitura, si yo muero?

…y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú. Génesis 32:13

Todo lo que tenía a cambio de una vida de paz y lejos del miedo.

El presente consistía en 200 cabras, 20 machos cabríos, 200 ovejas y 20 carneros; 30 camellas paridas con sus crías, 40 vacas y 10 novillos; 20 asnas y 10 borricos. Verdadero tesoro en términos de aquella época en el desierto

…y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Génesis 32:22-23

A partir de ahí quedó solo, sin nada, en la total dependencia del Altar.

Entonces, el Ángel del Señor se le apareció y lo transformó, y él pudo confesar:

Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Génesis 32:20

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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