No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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David era el octavo y el menor hijo de Isaí y, por lo tanto, despreciado por su propio padre. Por ser aún joven, cuidaba a las ovejas, mientras sus hermanos adultos iban a las guerras.

Pero aquel joven era de FE, tanto que había vencido a un oso y a un león, cuando estos intentaron tomar a las ovejas del rebaño de su padre. David sabía que nada ni nadie podía desafiar al Dios de Israel – principalmente el incircunciso gigante Goliat.

Pero como la FE anda junto con la VISIÓN y el CORAJE, David preguntó qué le sería hecho al hombre que derrotara a aquel gigante.

La promesa era la siguiente:
1. El rey lo enriquecerá con grandes riquezas;
2. El rey le dará a su propia hija en matrimonio;
3. El rey librará a la casa de su padre de los impuestos en Israel.

¡Listo!
¡Imagínese la mente de David, que era despreciado por su padre y sus hermanos, después de oír esas cosas!

Él tuvo la visión de cómo sería su vida. Y sabía que el Dios de Israel no lo iba a desamparar. A fin de cuentas, era la honra del Propio Dios la que estaba siendo desafiada.

Allí solo faltaba el CORAJE. ¡Y David tenía eso de sobra!

No necesitaba armadura ni espada para vencer a aquel incircunciso. Necesitaba solo el coraje para actuar.

Aunque su vida estuviera siendo puesta en riesgo, David sabía en Quién creía.

Añadió David: El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, Él también me librará de la mano de este filisteo.

El rey Saúl no podía impedirlo.

Y dijo Saúl a David: Ve, y el Señor esté contigo. 1 Samuel 17:37

Aquel joven entonces tomó cinco piedras del arroyo – pero en realidad solo necesitó una.

David lanzó la piedra, pero Quien la dirigió a la frente del gigante fue el Propio Dios.

Aquel niño despreciado terminó convirtiéndose en uno de los mayores reyes de Israel.

Aquella piedra (Jesús) usada por David ya estaba en aquel arroyo. Cualquiera podría haber lanzado aquella piedra contra el gigante.

Pero ¿de dónde vino la FE, la VISIÓN y el CORAJE del joven David?

Antes de esa lucha, Samuel lo había ungido, y el Espíritu del Señor había venido sobre David.

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor vino sobre David. 1 Samuel 16:13

Es para eso que Dios nos da Su Espíritu. No es para que hablemos en lenguas y Lo alabemos, sino para que tengamos FE, VISIÓN (imaginación) y CORAJE para que tomemos las actitudes necesarias.

Obispo Celso Júnior
Colaboró: Obispo Celso Júnior

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