No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Jesús es la Justicia de Dios. Se materializó para venir a este mundo para rescatar, salvar, justificar y liberar al injusto del espíritu de la injusticia.
Cumplió Su misión.

¿Es justo que el salvo, deliberadamente, vuelva a la prisión de la injusticia?
¿Es justo que la misericordia Divina tolere eso?
¿Es justo que el cristiano abuse de la compasión Divina y, deliberadamente, vuelva a la práctica del paganismo?

Dios es amor, sí.
¿Acaso ese amor soportaría incluso las injusticias?
¿Sería ese amor semejante al de este mundo, al que no le importan las injusticias cuando se trata de lazos familiares y pasiones infames?
¡De ninguna manera!

El amor de Dios no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad (1 Corintios 13:6).

El Espíritu Santo dice:

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Hebreos 6:4-6

Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.
Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

2 Pedro 2:20-22

Obispo Macedo
Obispo Macedo

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