No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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El Miedo

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El diablo se ha encargado de soplar dudas para así la fe verse amenazada. Dichas dudas generan otras dudas. Es como una bola de nieve. El miedo, pavor y terror se instalan en lo más profundo de sus víctimas culminando en la desesperación y conduciendo al fracasado al abismo.

Por otro lado los nacidos de Dios saben que satanás es un derrotado. ¡Él fue derrotado, es derrotado y será siempre un derrotado!

Pero esto no significa que él esté muerto sino que su poder maléfico sólo prevalece cuando las semillas de las dudas encuentran terreno fértil, y este terreno fértil se encuentra en aquellos que no viven por la fe.

Si dejamos espacio para la duda, la fe se retrae y acaba distanciándose. Y es ahí donde surge el conflicto entre la fe y la duda.

Dios habla a través de la fe. La Voz de Dios es la voz de la fe. Por otro lado, el diablo también habla por medio de la duda. Su voz es la voz de la duda.

Si nos rendimos a las dudas, fortalecemos al diablo y enflaquecemos al Espíritu Santo en nuestra vida. Pero si combatimos las dudas con la fe en las profecías, neutralizaremos la acción del diablo y de todo su ejército.

“…y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28:20)

Entonces, ¿para qué Él prometió estar con nosotros? ¿Para ser testigo de nuestra derrota?

¡No! ¡¡¡Mil veces, no!!!…

Él está con nosotros para garantizar el cumplimiento de cada una de Sus promesas. Es decir, garantizar la victoria de aquellos que están convencidos de ellas.

Cuando damos oídos a la voz de la fe, honramos Dios y humillamos al infierno.

Es mejor morir en la fe que vivir en la duda. ¡Mejor aún es vivir en la fe, por la fe y de fe en fe!

Bispo Edir Macedo
Bispo Edir Macedo

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