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“No sea que digas en tu corazón: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza.” (Deuteronomios 8.17 )

Toda la tierra pertenencia a Dios, Él es el dueño del oro y de la plata. Todo lo que el hombre usa o adquiere, para su éxito, viene de las Manos de Dios. Cuando el trabajador enriquece, tiene que ver que primero fueron dadas las condiciones por Dios para eso, después sus esfuerzos. No puede tener un corazón orgulloso y creer que fue su fuerza, inteligencia o sus talentos, sino la fuerza de la fe en creer en Dios.

Ágatha Cristina
Colaboró: Ágatha Cristina

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