La moda de opinar sobre todo - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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Si usted presta atención, sabe que cada década tiene sus costumbres. Algunas tendencias vienen tan fuertes que sus efectos son como los de olas gigantes: pasan los años, y las personas siguen hablando sobre ello. Este es el caso de la Beatle manía y el feminismo.

Hoy estamos en la época del culto al cuerpo, por esa razón, hay personas que pasan muchas horas en el gimnasio todos los días, toman esteroides o se entregan a procedimientos quirúrgicos de riesgo. Pues, para muchos, vale todo para “sentirse bien consigo mismas”.

Pero existe otra moda en esta década que, por desgracia, da señales de que seguirá así por muchos años: la necesidad de opinar sobre todo.

El ser humano llegó a un nivel que parece que sólo existe, o se torna visible si opina sobre todo lo que ve o escucha, incluso sin entender nada al respecto.

Por otra parte, esa moda tiene un agravante: el desacuerdo. Ha habido muchas veces en las que vi personas en desacuerdo con textos o con un simple post sin haber tomado la molestia de llegar al final de la lectura.  Pero lo hacen por el simple placer de hacer oposición y auto-afirmarse.

Sin embargo, ese comportamiento no se detiene allí. Por detrás de un ordenador o de un móvil, hay aquellos que se toman “el valor” en decir barbaridades que, cara a cara, difícilmente hablarían. Personas que vieron en internet la oportunidad de huir de la responsabilidad, por esa razón regañan, molestan, juzgan, humillan, mienten, difunden rumores y dan lugar a todo tipo de maldad.

Creo que es la frustración, ira y tristeza almacenados en el alma, con el fin de empujar a la persona a ser tan grosera e insensible.

Lo peor es que después que “escupe” las opiniones que no fueron pedidas, no hay ni siquiera una puntita de arrepentimiento o una disculpa. En esos momentos, creo que pertenezco a otra generación, jeje. Tiempos atrás, un sencillo golpecito en otra persona generaba una disculpa para remediar el incidente. Hoy, la conciencia de las personas está tan cauterizada que virtudes como la reflexión, la prudencia y la discreción se han convertido en defectos.

Soy admiradora del diálogo, respeto puntos de vista diferentes a los míos y también estoy abierta a cambiar mis ideas sobre determinadas cuestiones.

No creo que el camino para demostrar confianza en mi misma sea esparcir a los cuatro rincones del planeta mis opiniones. Y que para ello, valga gritar, discutir, ser excesivo, ofender o tener cualquier conducta similar.

No siempre lo que pensamos o sentimos corresponde a la realidad y merece ser dicho. Podemos estar equivocados a causa de nuestras percepciones o por los comentarios de terceros, por esa razón, una medida de precaución y de sentido común hace bien a la vida.

¡Nos vemos la próxima semana!

 

 

Colaboró: Agatha Cristina

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