Conozca el corazón de Dios - Cristiane Cardoso - Español | Cristiane Cardoso - Español

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Aunque pueda parecer difícil, en un primer momento responder sobre sentimientos de otra persona, las Escrituras enseñan que las actitudes revelan lo que está en lo más íntimo del ser humano.

Esto se aplica incluso al Altísimo, pues podemos, por medio del Texto Sagrado, contemplar el corazón de Él a través de Su ofrenda.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no perezca, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

El Todopoderoso ya había demostrado amor al crear al hombre y darle frutos y flores bellísimos en esta tierra. Él también expresó Su cuidado, al regalarlo con el sol, las estrellas, la lluvia, la puesta del sol y tantas obras maravillosas.

A pesar de todo esto ser excelente, ninguno de estos hechos ha conseguido medir el tamaño de Su estima por el ser humano.

Fue en el gesto de DAR a Su Único Hijo en sacrificio para rescatar a la humanidad perdida en sus pecados que el Señor dio la mayor prueba de amor.

Al ofrecerlo, Dios no podía dar nada mayor o más caro. Su ofrenda es tan incomparable que jamás podrá ser excedida. Él dio al Señor Jesús para sufrir una encarnación humillante como hombre, para servir de forma exhaustiva y para morir de manera vergonzosa en la mano de pecadores.

Esta prueba fue suficiente para mostrar lo que el Altísimo siente por nosotros. Nunca íbamos a saber nuestro precioso valor para Él si de Su parte no hubiera existido tal iniciativa.

Si, hasta Dios tuvo que renunciar a lo que más amaba para ofrecérnoslos ¿qué es lo que nosotros, Su pueblo debemos hacer para probar la autenticidad de nuestra creencia en Él?

Vemos que la capacidad de sacrificar por alguien, prueba la fe y el amor de esa persona y el sentimiento abstracto en acción.

Dios nos comunica con Su sacrificio, que quien ama no retiene, ni siquiera cuando tiene sólo “UNO”. Antes, es capaz de manifestar de forma completa, constante y fiel su devoción.

En cambio, vemos que cuando falta el amor, falta incluso el honor más común, como una simple agua en la cuenca para lavar los pies del Salvador. Este hecho ocurrió en casa de Simón, el fariseo, que recibió al Señor Jesús para una cena. A pesar de que la comida estaba en la mesa, faltó consideración, quebrantamiento y alegría para celebrar a Su presencia.
Pero, en el mismo ambiente, una mujer dejó su fe operar por el amor y fue capaz de ungir, con su valioso perfume y con sus lágrimas, los Pies del Redentor.

Esto deja claro que quien poco sacrifica prueba que poco ama, poco perdona y poco confía.

¡Nos vemos la próxima semana!

 

Colaboró: Agatha Cristina

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