No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Todo el mundo nace, crece, madura, envejece y muere.
Cuando nacemos, comenzamos una caminata rumbo al fin de la vida en este mundo. Al final de esta caminata, llegaremos al fin de una trayectoria física.

El cuerpo físico se pudre y desaparece, pero, ¿hacia dónde va su alma?

Hemos visto a personas que mueren de varias formas, como accidentes, asesinatos, enfermedades, etc. Sin embargo, lo que más preocupa no es saber la manera en que murieron, sino hacia dónde fueron esas almas después de la muerte.

Lo que nos causa dolor es saber que, de los más de siete mil millones de seres humanos en el mundo, pocos son los que se preocupan por el destino de su alma. Cuando viajamos afuera del país, observamos a personas de varios pueblos, lenguas, culturas, religiones y costumbres diferentes, andando de un lado a otro sin la mínima noción del futuro que les espera a sus respectivas almas después de la muerte, pues sabemos que solamente:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Marcos 16:16

La única manera de cambiar el destino natural del alma es: al nacer físicamente en este mundo, es necesario morir (espiritualmente) en él, para entonces nacer de nuevo. Sin embargo, eso solo es posible a través de una entrega total y completa por la fe sacrificial al Señor Jesús en el Altar.

“…Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará.” Mateo 16:24-25

He aquí la pregunta que no se quiere callar.

¿Hacia dónde está caminando su alma?

Al final de su ciclo aquí en esta tierra, cuando esta se despegue de su cuerpo envejecido por el tiempo o sorprendido por una fatalidad, ¿quién vendrá a buscarla?

¿Usted tendrá el dulce encuentro con los ángeles celestiales, los cuales lo conducirán hacia el Rey de reyes y Señor de señores, al Altísimo Dios, o tendrá el trágico, cruel y aterrador encuentro con los portadores de la segunda muerte, a saber el lago de fuego y azufre?

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:14-15

Cada uno tiene el poder de decidir. ¡Nadie podrá decidir por usted, ni su hijo, ni su esposa/marido, nadie! Solamente usted tiene ese poder.

Usted que no tiene certeza de su Salvación, comience ahora a cambiar el rumbo, el destino de su alma, esta es suya, y usted, solamente usted, puede escoger quién tendrá autoridad para llevarla: Dios o el diablo. Entréguele ahora su vida al Señor Jesús, entonces sí usted estará dando la preferencia para que un día Él transporte su alma hacia Su Reino.

Y usted que ya tiene la certeza de su Salvación, ¿qué está esperando para hacer algo más para cambiar el destino del alma de sus vecinos, parientes, amigos y desconocidos? Sépalo, usted fue salvo para salvar, liberado para liberar, curado para curar, eso le será cobrado.

Un día, nos pedirán cuenta de lo que hicimos con la condición que Jesús nos dio para que ganemos almas para Su Reino. Él separó 46 versículos, del capítulo 25 de Mateo, para mostrar cómo será esa rendición de cuentas.

Pongamos la mano en la consciencia y veamos qué estamos haciendo para que despoblemos el infierno y poblemos el cielo de almas que están al borde del camino.

¡Piénsenlo!

Que Dios los bendiga.

Obispo Sergio Corrêa
Colaboró: Obispo Sergio Corrêa

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