No elegimos venir al mundo, pero tenemos el derecho de elegir dónde vivir la eternidad.

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Un joven se acercó al pastor y le dijo: Pastor, ¡ya no voy a venir más a la iglesia!
El pastor entonces respondió: Pero, ¿por qué?

El joven respondió: Ahhh, veo a la hermana que habla mal de la otra hermana, al hermano que no da buen testimonio, a otro que lo critica a usted por la campaña que está haciendo en la iglesia.

Entonces el pastor le dijo: ¡Ok! Solo te pido que, antes de que te vayas, me hagas un favor. Vas a agarrar un vaso lleno de agua y vas a dar tres vueltas alrededor de la iglesia y, detalle, sin derramar una gota de agua en el piso. Después de eso, puedes irte de la iglesia.

El muchacho pensó: Muy fácil…
Y las tres vueltas fueron dadas por el joven.

Cuando terminó, él dijo: ¡Listo, pastor!

Y el pastor le preguntó: Cuando estabas dando las vueltas, ¿viste a la hermana hablar mal de la otra?
El joven: ¡No!

– ¿Viste a alguien quejándose de la campaña que el pastor hace?
– ¡No!

– ¿Sabes por qué? Tú estabas enfocado en el vaso para no derramar el agua. Lo mismo ocurre en nuestra vida, cuando nuestro enfoque sea el Señor Jesús y nuestro cuidado sea no perder nuestra Salvación, entonces no tendremos tiempo para ver los errores de las personas.

Mantengamos nuestra fe saludable. No vamos a dejar que caiga lo que tenemos como más precioso que es nuestra Salvación.

Obispo Agnaldo Silva
Colaboró: Obispo Agnaldo Silva

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